Relatos ganadores 2014

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El ilustrísimo jurado de CUENTOS POR CONTAR 2014 compuesto por un variopinto elenco de amantes del cuento y de las historias imposibles, integrado en esta edición por:

Rafaela López (madre de una familia numerosa) Javi Mayor (niño y master en infancia y juego) Blas (joven historiador) Ana-Luisa Ramírez (maestra y escritora) y Txema (artista al cuadrado).

Juntos han decidido que hay muchos y muy buenos relatos, así que ahí va su lista de ganadores: 

1ºPremio:  Amparo Serra por: “La escandalosa historia de la princesa que robaba besos”

Finalistas:
Andres Bayona por ” La extraña historia de la cantante muda”
Roser Rueda por “La increíble historia del nadador que encogía”
Chema Peral por “La historia de aquel tigre que soñaba con lunares”
Isabel Vallés por “La brevísima historia de la niña que no tenía nombre”
Lorena Fuentes por “El cuento de aquel círculo azul que llegó al planeta de los círculos naranja”
La Jardinerita por “La profunda historia de la sirena con piernas”

Y otorgamos la Mención de honor a la Escola Gavina (Barcelona) por su interés, su motivación, su creatividad y su cuantiosa participación en el concurso.

¡Enhorabuena a todos!

El relato ganador 

La escandalosa historia princesa que coleccionabaPor Amparo Serra

(Cuento escrito en Madrid, en la terraza de un bar de barrio, mientras escucho la conversación de la pareja de la mesa de al lado, las campanas de una iglesia, la escandalosa máquina de café y a un grupo de jubilados jugando al mus. Me gusta la tortilla de patatas sin cebolla.)

 

Buenas tardes. Me llamo María Antonietta y soy coleccionista de besos compulsiva: Beso veo, beso quiero.
Pertenezco a la Casa Real de un país que ahora no viene a cuento y hoy se cumple mi septimo mes de abstinencia.
Mi colección empezó siendo yo muy niña cuando en los jardines de palacio me escondía tras los macizos de rosas esperando la llegada de enamorados y enamoradas cargados de dulces besos. Todavía me parece recordar el olor a canela y a hierbabuena que desprendían los besos al caer de sus mejillas y de sus labios entreabiertos.
Fui creciendo al mismo ritmo que mi colección, que adquirió una dimensión nada despreciable, incluso logré hacerme con algunos ejemplares únicos:
El beso cerillero, de combustión rápida y mirada intensa.
El beso mueble, sin alma ni albedrío.
El beso escoba, siempre de un lado para el otro, un poco veleta para que mentir.
Mi adicción fue tal que olvidé el protocolo y mis obligaciones Reales para entregarme en cuerpo y alma a mi colección.
No comía, no dormía, no hablaba. Enfermé de besos.
La noticia de mi deterioro y de mi desenfrenada adicción llegó a oidos de la prensa rosa. Los periodistas, apostados a las puertas de palacio, esperaban día y noche mi salida. Se publicaron fotos de mis “besorías” junto a los testimonios de algunos de los propietarios de los besos usurpados. El escándalo fue morrocotudo.

Pero hoy, señoras y señores, hoy me siento una princesa nueva.
He recuperado el apetito y el gusto por la conversación. Duermo como los mismísimos ángeles y siento una gran liberación labial.
Cuando tengo la fuerte necesidad de un beso me busco un abrazo, y no saben ustedes lo bien que me sienta.
Recibo abrazos de todo tipo, también autoabrazos, son menos adictivos e igual de reconfortantes.
Y esa es toda mi historia.
(¡Aplausos!)