Lírica Leárica

Cromo-web

 

LIAR CON LEAR o el arte de enredar con la realidad

 

La Cine-Maleta, en su afán por recuperar y dar visibilidad a poetas y artistas de vanguardia, ha dirigido en esta ocasión su mirada hacia el poeta e ilustrador británico del s. XIX, Edward Lear (1812-1888); cuya importante aportación a la literatura infantil, en España, no parece haber tenido el reconocimiento que se merece. Este moderno de otros tiempos, es considerado un pionero de la poesía del absurdo gracias a sus deliciosos Nonsenses o Sinsentidos.

En lo literario, el Nonsense es un estilo ligado a las rimas y a las formas de hablar infantiles, en el que más que la destrucción del sentido (en lo que nada importa), de lo que se trata es de la construcción del Sinsentido (donde todo importa).

El absurdo humorístico lanza a la acción todas nuestras defensas mentales y conjura una lógica más aguda,

una sensatez verdadera, capaces de percibir la coherencia sútil del disparate y la milagrosa poesía de lo insensato.

Eduardo Stilman.

Es quizás por esta razón que los dibujos de Lear, al igual que sus textos, siguen pareciéndonos vanguardistas, y que la obra de Lear es considerada por muchos como un anticipo de las vanguardias del s.XX, especialmente del Surrealismo.

Evaristo Gálvez, de profesión, sus labores, da fe de ello:

El espectáculo me ha impresionado profundamente provocándome

una intensa sensación de asma subdesarrollada y un gran apetito.”

 

Edward Lear fue el vigésimo hijo de un matrimonio que llegó a tener veintiuno, se puede decir que su madre casi se olvidó de él.

Paciente y preciso dibujante de animales, un día, mientras pintaba afanosamente el retrato de un pájaro en los jardines Zoológicos, un anciano se acercó a observarlo por encima del hombro, y le dijo: “Debe usted venir a dibujar mis pájaros”. El caballero resultó ser un Conde.

Allí se fue y allí se quedó, en una casa de campo donde abundaban los niños y las risas.

Viajero impenitente, viajó más que ningún otro artista de su época: de Londres a Roma, Calabria, Sicilia, el desierto del Sinaí, Egipto, Nubia, Grecia, Albania, Palestina, Siria, Ceylan y la India. Lugares donde fue feliz a ratos.

En ese trasiego de viajes, ejercitó su gusto por los paseos ilustrados.

Sus dibujos impresionaron tanto a la reina Victoria de Inglaterra, que ésta le invitó a darle una serie de doce lecciones.

Lear escribía 30 cartas por día, puntualmente, antes del desayuno. En ellas contaba a sus amistades las aventuras de su viajes, con poesías poco serias y dibujos menos serios aún.

Lear no dispuso nunca de ahorros, su primera casa la tuvo a los 60 años.

Una casa y un gato.

 

Los Sinsentidos de Edward Lear en el Teatro Círculo-Valencia

La Cine-Maleta

Home