Ecos del Arte sonoro en la Vanguardia histórica española

(1909-1945)

 
Estimado Don Miguel,
 
usted desconoce esta costumbre mía de desayunarme cada mañana con un personaje más o menos ilustre.
Hoy he tenido el honor de acoger, junto a mi taza de cafe y frente al frutero de la mesa de la cocina donde una pera monda y lironda espera su turno resignada, las hojas del texto que me pasó usted hace unos días y sobre el que sé lleva bastante tiempo trabajando: Ecos del arte sonoro en la vanguardia española (1909-1945).
No he podido esperar a terminar la lectura de tan gran documento sin pronunciarme y aplaudirle, a usted por su investigación, y a Don Ramón, por su asombrosa personalidad. Curiosamente, este personaje ocupó mis desayunos hace tan sólo una semana con su libro: ” Trampantojos”.
 
Ramón Gómez apareció en mi vida de  manera involuntaria y fortuita a finales de los 90 en Bruselas, ciudad surrealista por excelencia,  gracias a uno de mis novios, medio español medio flamenco, que no de salero sino de la Flandria, con el que compartía casa y lecho. Ahora no recuerdo si los libros estaban traducidos al francés o eran en español. Sin dar demasiada importancia a estas lecturas y por cosas de la vida de una, me trasladé a Valencia. Allí, la editorial Media Vaca, que venía de publicar un álbum con 100 ejemplares de las greguerías de Ramón,volvió a resucitar en mi imaginario al misterioso personaje y digo misterioso porque nunca me interesé por conocerlo más profundamente: su vida y milagros, sus principales hazañas, ect. Realicé algunos talleres de greguerías ilustradas aquí y allá junto a Ana-Luisa Ramírez, y Ramón de vuelta al cajón.
 
Luego apareció usted, Don Miguel, con sus aires musicales de director de orquesta sin batuta, hablando del tal Ramón, de un piano, de un suicidio, de un presupuesto ministerial, todo regado con rioja y tinto de crianza en una soirée Paulina (mi polivalente vecina de la puerta 4 que propició nuestra amistad). Y tras dos años de tímido silencio ramoniano, là voilà à nouveau!, más presente que nunca, mon chère Gómez Ramón.
 
Don Miguel, cuando me pidió usted que realizara la ilustración de una greguería sonora y yo me releí todas aquellas hojas de delirio poético, no pensé que la intuición, o no sé como llamar a esa coincidencia, me llevaría a ambientar mi diseño en el mundo del circo, ya que desconocía por completo la inclinación de Ramón por este arte.
 
Qué bonita imagen la de Radiona, la muse des ondes, la 10ème muse! para ilustrar una de las Greguerías onduladas ramonianas. Ahí, con su huevo silencioso posado sobre la testa-radio… Ah don Ramón, quién tuviera un vitáfono para sentirse el Uno Mundial.
 
 
No quisiera despedirme de usted, sin antes comunicarle, que en mi web he inagurado una sección donde Don Ramón comparte salón con Don René, ya ve, con esto de las webs una, al menos aquí, es dueña y señora de lo que hace y dice, y a mi eso me gusta, eso de venir y contar sin venir a cuento.
 
 
Ahora sí, se despide arte-ntamente
 
La Señorita Mayor 
su servidora de usted.
 

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